miércoles, 16 de noviembre de 2011

MICROCUENTOS DE CARLOS TORRES BASTIDAS









El Licenciado
Bond se levantó temprano. Debía llevar a su hija al colegio. Cruzó la ciudad caótica y peligrosa. Cumplió su misión, satisfecho porque no tuvo necesidad de utilizar su licencia para matar.

Desconectado
Esa mañana Neo no se conectó a la red. Prefirió tomar tranquilo su amargo café, y disfrutar de ese paisaje desolador.

Desubicado
Clark finalmente le declaró a Lois Lane su amor. La Editora Jefe del diario El Planeta, le dio una palmada en el hombro, dijo que no tenía tiempo para tonterías y se fue a supervisar la edición aniversario.

Un mundo ideal
Y Jazmín le dice en forma tajante: Al, debes dejar de pensar como ratero. Hablaré con papá para que te meta en alguno de los negocios del señor Makled.


Acontecimiento
Con su típico y popular traje azul y rojo Superman llegó a buscar a la editora jefe, en la Redacción del diario El Planeta. Ella fue enérgica: « ¡Debes cambiarte ese traje!, y no pensarás que vamos a salir volando por la ventana, justo hoy que fui a la peluquería».

sábado, 22 de octubre de 2011

2 Poemas (Rodolfo Táriba)



STRIPPER

Caderas de fuego
corazón vacío:
la penumbra
y la neblina
ocultan las cicatrices
de vientres y almas.
Baile de medianoche
esperando el alba
para volver al mundo.
Yo te contemplo ciego
de noches estroboscópicas
y lanzo un billete a la pista
esperando a cambio
tan sólo tu sonrisa...


COPERA

Te veo caminar
de la barra a las mesas;
piercing de diamante,
caderas de swing
en ojos de peonía.
No sé tu historia
pasada ni reciente;
Tal vez las rosas
nacen del fango
y el viento las marchita.
Sólo deseas
huir de esta celda
plena de ebrios
y abandonados,
pero la vida no redime
ni una sonrisa falsa
ni un desliz entre las sombras.

sábado, 1 de octubre de 2011

TRES POEMAS INÉDITOS DE GUSTAVO FERNÁNDEZ COLÓN



I












La una

la luna
por detrás
del edificio

el basurero
humea
hasta el balcón
canciones tristes

perdido
el sueño

desconecto
la radio y

miro al cielo

II



Maniatado,
no logro
desertar

estoy ausente
del sitio
del susurro

asido a la pared
cuento las horas

distante
del paraje
donde el viento
suena


III












¿Porque lo dice
el Bardo Thodol
hay algún lecho
después de este cansancio?

¿naufragando,
descubriremos
el rostro
tras lo oscuro?

sin Oriente

siempre en busca
de un pozo
por mirarnos



x

martes, 27 de septiembre de 2011

LOS LIBROS DE ÁLVARO TRUJILLO CONTRERAS







Este es el primer libro publicado por Álvaro Trujillo C., se trata del poemario GIN, editado en 2001 por El Fondo Editorial Toromaina. Actualmente el libro GIN no se consigue en ninguna librería. Se agotó al poco tiempo de ver la luz. Espera por una reedición.
Segundo libro de Álvaro Trujillo C., editado en septiembre de 2003 por la Dirección de Publicaciones de Fundarte. Este libro ganó el segundo lugar en el concurso de cuentos infantiles basados en leyendas y tradiciones venezolanas, auspiciado por Fundarte. Actualmente esta edición está agotada pero existe una nueva edición de este texto hecha por la Fundación Editorial El perro y la rana.
Libro de relatos publicado en 2004 por la Dirección de Cultura de la UCV. Este libro ganó la Bienal de cuentos de la Dirección de Cultura de la UCV. La portada es un cuadro perteneciente al artista Carlos Deaumondt.

Este es mi último libro publicado. La edición apareció a mediados del 2010 a través de la Fundación Editorial El perro y la rana. Está ilustrado a todo color y los dibujos son de Walter Reyes. Para el primer trimestre de 2012 se hará una reimpresión de este libro, pues son escasos los ejemplares que pudieran encontrarse en las Librerías del Sur en Venezuela.

jueves, 15 de septiembre de 2011

TRES POEMAS DE ALVARO TRUJILLO C.


NO ES POLLO BORRACHO NI GALLINA SUDADA

Corte los recuerdos en trozos pequeños.

Ponga los buenos en una taza y guárdelos en la nevera.

Al resto agréguele los insultos previos a la ruptura

y sofríalos en una sartén grande.

Se vierte una copa de lágrimas y se mezclan con dos de vino.

En una olla pequeña raye las horas de autosaboteo.

Se pican las fotos, los discos y las cuentas mancomunadas.

Lave bien las tristezas y haga un puré con ellas.

La rabia se corta en cuadritos

y se agrega al guiso con bastante sal.

Rocíe 200 gramos de ilusiones perdidas

y dos puños de decepción.

Tape y deje hervir por lo menos 6 meses

hasta que todo se ablande o se evapore.

Mientras tanto cocine su amor propio a fuego lento

entre familiares y amigos.

Cuando ya no quede nada del guiso amargo

puede comenzar a preparar una ensalada de frutas

con lluvia de amores nuevos.

Ésta se sirve desnuda

en un plato para dos

y se come con los dedos.

EVA VERDADERA

Conozco a la verdadera Eva y no es la primera mujer.

Ella vive en mi ciudad

en un cerro forrado de revólveres y tambores.

Eva no se llama Eva

y su nombre actual no le gusta.

Es una amazona auténtica a la que le falta el seno derecho.

Su flecha me alcanzó el otro día

mientras jugaba solo al escondido.

Esta Eva no tiene edad,

pero suele confundirse con adolescentes de iglesias.

Esta Eva casi no habla por teléfono,

pero sabe chismes de ascensores, planetas y elefantes.

Eva baila, te sonríe desde un bus y nunca trabaja.

Tiene la piel gitana, un caminar altivo

y una perra moribunda.

Esta Eva ya olvidó a su Adán que está preso.

A veces piensa hacer un curso de computación.

Algunas noches busca a su amiga Martha

para que le adivine el futuro entre los caracoles.

No me canso de ver los ojos malandros de Eva.

Allí encuentro lágrimas de selva nublada:

aguaceros de mayo que caen en febrero.

Cuando niña ella quería ser maestra,

pero metió la pata muy pronto con Adán.

El bebé de Eva llora como los gatos de las escaleras.

Los dos pasan el hambre hereje

y el estómago les suena como cuando en la casa se va el agua.

Cada vez que Eva va a botar la basura

los hombres del barrio paran la cerveza.

Cada vez que ella es invitada a una fiesta

los disparos en su nombre acaban con la rumba.

Yo comprendo a Eva

y escucho su miseria hasta la madrugada.

Siempre me cuenta las historias sagradas al revés

y yo le creo,

porque he aprendido a amarla

con todo el amor de sus costillas ausentes.

EL JUGADOR

Los caballos no temen al agua

pero Gran Sol perdió hoy en la última de la tarde.

Me he venido bajo una catarata de rencores

con los bolsillos secuestrados y extrañando el reloj.

Me he venido con el alma de mala gana

por la carretera del descaro y dramatizado en alcohol.

Perdí la casa, la familia,

el pasaje y la fe en la fotografía.

Sólo me queda un desconcierto en el ojo no apostado

y el fango amargo del ganador en los labios.

Soy un caballo frenado injustamente

en la recta final de la vida

cuando pagaba dividendos altos de soñador.



LA 115 PRESENTE EN LA JUNTA DIRECTIVA DE LA ASOCIACIÓN VENEZOLANA DE ESTUDIOS DEL CARIBE

El pasado 07 de julio en la sede de Caracas de la Universidad Latinoamericana y del Caribe (ULAC), se llevó a cabo la elección y proclamación de la nueva Junta Directiva de la Asociación Venezolana de Estudios del Caribe (AVECA) para el período 2011-2013. En esta elección en la que participaron docentes e investigadores de distintas universidades del país, especializados en el tema caribeño, resultó electo presidente el prof. Gustavo Fernández Colón, docente de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Carabobo.

Como vocales lo acompañarán en la nueva Junta Directiva la Prof. Yetzy Villarroel de la Universidad Simón Bolívar y los docentes e investigadores de la Universidad de Carabobo Diógenes Díaz (FACES) y Sherline Chirinos (FACES).

La AVECA es una asociación científica, fundada en 1979, por profesores e investigadores de diversas universidades venezolanas interesados en el estudio multidisciplinario del Caribe, su historia, su geografía, sus culturas y sus literaturas.

Durante el bienio 2009-2011, la Asociación estuvo presidida por el Dr. Andrés Bansart, profesor jubilado de la Universidad Simón Bolívar y docente emérito de la Universidad de Tours, Francia.

El nuevo presidente de la AVECA, prof. Gustavo Fernández Colón, es Doctor en Estudios Culturales y Magíster en Literatura Venezolana, ensayista, articulista y autor de varios libros de crítica literaria. Ha sido conferencista y ponente en diversos eventos nacionales e internacionales referidos a los problemas contemporáneos del Caribe, en la Universidad de París VII, el Instituto de Estudios del Caribe de la Universidad Nacional de Colombia y el Instituto de Cooperación y Cultura de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en San Vicente y las Granadinas, entre otras instituciones.

Los interesados en conocer con más detalle el perfil y las actividades de la AVECA pueden visitar la página web de la Asociación en la siguiente dirección: www.aveca.org
.ve .

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El parrillero, nuestro héroe de fines de semana. (Carlos Torres Bastidas)



     Lo interesante de los días de fiesta, no es la celebración en sí, sino lo que hacemos cada vez que tenemos un día libre. En el caso de los venezolanos; no importa si es el día de la madre, el día del padre, los carnavales, inclusive la semana santa, cuando lo correcto y lo que ordena la religión es comer pescado y mirar películas. Cada vez que hay un día soleado, cuando no salimos a ninguna parte, o cuando salimos también. Siempre tenemos la opción de preparar una parrilla. La palabra se usa frecuentemente para referirse a una fiesta o reunión casual, normalmente al aire libre donde se consume carne asada. Debido a esta razón, muchos consideran el hecho de cocinar carnes al aire libre como una parrillada. No importa el precio. Nos hacemos los mejores amigos de los carniceros, nos interesa saber dónde se consigue la mejor carne, el corte más exquisito. Hasta las esposas más recalcitrantes y regañonas sucumben ante el encanto de ese delicioso olor,  que impregna todos los apartamentos del edificio, ese que se mete en tu casa y te dice, levántate y haz lo mismo. Comienzan las llamadas  a los amigos que se quedaron en casa, «vamos por una carnita para preparar una parrilla». Siempre pensamos en ese pana, el curtido y sabio parrillero oficial de nuestras fiestas. Él sabe que tiene el poder. Cómo se coloca el carbón o la leña,  donde se consigue la mejor carne, donde venden los chorizos y morcillas, cuyo sabor y olor siempre van asociados a esa deliciosa carne, que jugosa, con su llamativo color rojizo nos enciende todos los sentidos, y sentimos lástima de los pobres vegetarianos que no saben de lo que se pierden.  Los venezolanos, a la hora de una parrilla, preferimos la punta trasera, el lomito y el “pollo” de res.  «Solamente con sal», como recomienda un maestro parrillero uruguayo apodado El Muta.
      Lo que nos reúne en ese ritual, es “el proceso”. Comenzando por la búsqueda. Se arma una partida, cual Sheriff y sus ayudantes salen a encontrar todo lo necesario para el ritual. El carbón, la leña, algunos no tan diestros en el asunto se lanzan con el kerosene, y todo el mundo tiene una opinión al respecto, salvo el maestro parrillero, a quien se espera, se le palmea el hombro, se le saluda para que su primer corte llegue primero a su “ayudante”,  por lo general su mejor amigo o compadre.
     Ese pequeño espacio al aire libre, con ladrillos, con una o dos rejas metálicas,  siempre cerca de una piscina, se erige como un pequeño templo donde los hombres de la casa, los amigos, los sobrinos, todos se sientan alrededor esperando, conversando. Comienzan a llegar los invitados, se acercan los vigilantes a saludar cordialmente, preguntando si todo está bien. Las mujeres, dueñas y señoras de sus casas y sus cosas, quedan por fuera. Sin embargo, algunas audaces que no aguantan las ganas de participar, comienzan a preparar ensaladas, y con desesperación le ofrecen a todos el aderezo, le preguntan a los demás si está bien, pero el gran jefe, el rey, el chamán de la tarde, el parrillero es el protagonista. Él es la estrella a cuyo alrededor se van agrupando los  cuñados, los amigos de los amigos, el que trajo la música, el que trajo el whisky, el que trajo el hielo y el carbón. Aparece casualmente la presidenta de la junta de condominio a preguntar si todo está bien.   Lo bueno de esto, es que hasta el loquito del edificio o de la cuadra,  pasa  a mirar. Todos los semblantes cambian, hay una mezcla interesante de saludos, de abrazos, de comentarios de todo tipo, no solo hablar de malandros, tráfico, huecos y política, también de los próximos eventos, lo cual creará nuevas fuentes de familiaridad, amistad  y compadrazgo. 
     Hay que destacar que la parrillada es un ritual con funciones divididas por sexos. Los hombres son los encargados de la cocción de la carne y la tarea de las mujeres, suele estar centrada en la preparación  del acompañamiento. La parrilla tiene un tinte varonil. Los elogios y aplausos son para el parrillero, que siempre es “el hombre”.  Es clásico,  entre amigos, que se brinden felicitaciones al cocinero. No es usual ver a una mujer controlando la carne. La preparación de la parrilla es uno de los territorios que los hombres aún conservan como espacio de exclusividad.

sábado, 10 de septiembre de 2011

LA 115 (Oly Emilia Gonzalez)

Hablar de “La 115” ¿Con esta trayectoria? DIOS me libre.

“Hablar del Grupo Literario "La 115" es tarea de arqueólogos aventureros: fue un jueves a mediados de los años ochenta cuando una manada de jóvenes dinosaurios de la UCV...”

A manera de comentario, la Arqueología estudia las sociedades y sus cambios a través de restos materiales de la vida humana ya desaparecida, distribuidos en el espacio y contenidos en el tiempo. Hoy su objetivo es el estudio de los cambios en la organización social, así como la diversidad del comportamiento humano (económico, político, ideológico) en el pasado.(Muy parecido a Uds. ¿Verdad? ¿Qué cambios en estos aspectos no han vivido Señores Dinosaurios y otros que harán en la organización social?, con seguridad. ¡Adelante muchachos Dinosaurios!

Antes un antiguo instrumento de cerámica como un elemento cronológico ayudaba a ponerle una fecha a la cultura objeto de estudio, o valor estético, ahora los antropólogos ven el mismo objeto como un instrumento que les serviría para comprender el pensamiento, los valores y la cultura de quien lo fabricó. Me pregunto ¿Qué no han fabricado en esos pensamientos paridos por Uds., y con tanto valor para ser publicados?

Ahora, mis queridos Dinosaurios: tendríamos que estudiarlos a ver a qué Edad pertenecen, según los sucesos previos y posteriores a ese periodo, o sea, (Uds. hace 20 años, o los 20 después, porque en las últimas décadas, la metodología arqueológica se ha aplicado a etapas más recientes, como la Edad Media (Arqueologìa medieval), la Edad Moderna (Arqueologìa postmedieval) o el periodo industrial con su atención a materiales actuales, residuos urbanos, con lo que está naciendo la denominada (Arqueologìa industrial). Quiero decir con esto que no son tan fósiles, sino que hay que ubicarlos en el momento adecuado, y es éste, ahora y presente.

En cuanto a los modernistas, criollistas y vanguardistas, me complace eso de que los estudiaban, mas no veneraban, “Allí está el detalle" como diría nuestro inmortal “Cantinflas” solo esto los llena una originalidad rebelde.

Certera y en buena hora la publicación del blog, dieron en el blanco con su escritura, y sí: maduró con sus fructíferos premios, floreció con sus obras publicadas y viene más, porque pegados bajo la sombra de ese árbol bendecido de vida, alimentándose de esa savia inmortal, que les permite leer, encontrarse, beber, comer, escribir, discutir, y otras cosas, volar donde anhelen, ser como les plazca, hilvanar experiencias y sentimientos como quieran, dándolos a conocer al mundo, merecedor de saber de buena tinta, todo lo que tiene que proveer “La 115”.

Sobre los detractores u ofensores por quehacer, nunca faltan, pero son un mal necesario, no saben el favor que les hacen, porque de ellos aprendemos a no obrar así, son cautivos de sus iniquidades, pero nosotros gozamos la gracia y mieles de la Libertad y el Amor. Nada más estimable y apropiado para confortar que su lema: "ESCRITORES ANTES QUE NADA, Y A PESAR DE TODO..."

A pesar de todo:
Los detractores
Los que creyeron o no
Los grupos élite de escritores
Los grupos de la universidad tal
Los que nos quisieron cortar las alas

Escritores por:
Fe
Amor
Naturaleza
Sentimiento
Libertad
Amistad
Cultura
Por pasión
Por vivir la vida
Por explorar
Por gusto
Por espacios
Por placer de leer
Por expresar sencillamente
Para crecer
Porque nací para escribir
Escapar a otros territorios
Abrir caminos
Ver otros lugares
Vivir experiencias
Sientan mis vivencias
Porque creo
DIOS me regalo esto
y más…

Al Grupo Literario “La 115” y a los “Queridos Dinosaurios” Mi admiración y respeto.Reciban un abrazo y más profundo deseo de: ¡ÉXITOS!
Oly Emilia Gonzalez

sábado, 27 de agosto de 2011

HEMINGWAY Y LA GENERACIÓN PERDIDA

Esta nueva edición del libro de Carlos Torres Bastidas, está corregida y enriquecida con interesantes fotografías de Hemingway. Felicitamos al autor, al Consejo Nacional de Universidades (CNU) y a la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU) por esta reedición.










martes, 23 de agosto de 2011

En esta oportunidad nos visitaba del Uruguay el músico y profesor de física, Ruben Behak




Mientras corregíamos textos nos refrescábamos del calor de julio en Las Banderillas, el profesor Behak, Carlos Torres y Lázaro Silva.

El profesor Gustavo Fernández, en respuesta nos dedicó estas rimas:


RIMAS DE SERVILLETA

115 botellas de cerveza
para un par de afamados escritores
y un físico a quien por delicadeza
no incluyo en tal derroche de licores

¿No es mucha caña para tres compinches?
Eso nunca se había visto en este mundo
ni en la historia de la 115...
¡La próxima vez, inviten, vagabundos!

Salud,

Gustavo


Si James Bond se hubiera casado (Carlos Torres Bastidas)







Son las 5.30 am. Nunca antes James se había levantado tan temprano. Fue a la cocina, tropezó con uno de los taburetes, una palabrota en voz baja. Montó el café, esta vez más fuerte que lo común, porque debía llevar a la niña al colegio. Suerte que anoche había pulido los zapatos y preparado el traje cruzado y la corbata, sus camisas todavía iban a la tintorería. Preparó el tetero con la receta que le había enseñado su querida mujercita Vesper, que ya había ganado unos cuantos kilos porque estaba embarazada de nuevo. «Seguro que M quería ser la madrina». Pero esta vez le daría la oportunidad a Moneypenny. Siempre había querido tener algún lazo con ella. A sus 47 años se había jubilado de la División de Inteligencia Naval del Almirantazgo.

Escuchaba las noticias en el pequeño televisor de la cocina. Muchas cosas sobre las que ahora no podía hacer nada. El terremoto-tsunami del Japón. La guerra en Libia. Los estudiantes universitarios con la boca cosida. Preparó el tetero y vertió unas gotas en su mano, para comprobar que no estaba muy caliente. Lo llevó a la habitación de su pequeña hija Camille de cuatro años. Luego de tomarse las pastillas para la tensión, el Omega 3 y las cápsulas de ajo, se sirvió una taza de café negro. Esa dieta que mantuvo por tantos años de huevos revueltos, martinis y cigarrillos lo tenían con ese régimen todos los días, siempre después de su aseo matutino, que ahora tenía que ser muy rápido, porque la hora de entrada en el colegio era las 7:30 am, y las colas que generalmente se formaban, no le permitían pasar de 60 kilómetros por hora a su clásico Aston Martin.

Luego de dar un rápido beso a Vesper que no podía moverse de la cama, se marchó. Se puso su traje que ahora le ajustaba un poco en el abdomen que había comenzado a crecer. Se miró el nudo de la corbata en el espejo del ascensor del edificio donde ahora vivía con su familia.

El Aston Martin estaba sucio. No tenía tiempo para mandar a lavar su carro, hecho por Q quien fue el responsable de la creación del DB5 cargado de extras. No olvidaba que su nombre deriva de Quartermaster, o Intendente, y este no es más que el cargo del Mayor Boothroyd, que está al mando del departamento de investigación y desarrollo del Servicio Secreto. Este DB5 tan equipado se convirtió por un tiempo en el auto de empresa de James Bond. En realidad su carro era un DB4 Vantage, pero su modelo fue modificado y pintado de color Silver Birch.

El asiento trasero se lo disputaban el afortunado Ken, con varias versiones de Barbie. A Camille le gustaba su carruaje tal como ella lo llamaba. La cola comenzaba en la autopista, buscaba irse por los caminos verdes. Sin embargo a esa hora todas las vías estaban colapsadas. Colocaba en el MP3 un Cd de música infantil y se iban cantando por todo el camino “Mi gata candonga”, “El elefante del circo” y otras canciones. Un par de hermosas chicas lo veían divertidas por el retrovisor, cuando su hija lo abrazaba para entonarlas juntos. La aventura de hoy no tenía nada que ver con un campo de batalla lleno de traición, asesinatos y engaño. Solamente debía llevar temprano a la niña al colegio. Logró sortear como en los viejos tiempos todos los obstáculos: la primera cola que se forma en la Libertador, una cantidad de huecos entre los campos de golf, motorizados que van contra corriente, y que debía esquivar constantemente. Un policía frente al San Ignacio se empeñó en detener el flujo natural del tránsito. Consiguió puesto en una esquina, y casi le arranca la puerta un carrito por puesto anaranjado de la Alcaldía. Finalmente entregó su preciada carga a la maestra. «Besos papito», «Besos Camille». Miró a la joven auxiliar Carmen con intensidad, pero esta no le prestó mucha atención a pesar de estar estrenando una corbata, que ella le había vendido. La primera misión del día se había cumplido. No podía saber qué le deparaba el día. Debía cruzar de nuevo la ciudad, ya veríamos que se encontraba en el camino. Su nuevo trabajo era mucho más cómodo, aunque nunca podría saber lo que puede ocurrir en el centro de la ciudad, antes de las 8:30 de la mañana, cuando debe entrar en sus modestas oficinas de Clásicos Exclusivos, hoy debía supervisar la edición del número dedicado a su querido Aston Martin.

jueves, 18 de agosto de 2011

Los hilos invisibles (Lázaro Silva)



“Qué buen insomnio
si me desvelo sobre
tu cuerpo único”
Mario Benedetti
Abrió Google Earth para que viera la zona donde vivió por un año. Las fotografías aéreas mostraron unas cuadriculadas manzanas. Antes de eso estuvimos brindando con un Santa Carolina, acompañado con pizza que compramos camino a su apartamento. Ella se deleitaba acercando el zoom y mostrándome una tal calle Emilia Pardo Bazán, una plaza 1° de Mayo, un Palacio Legislativo y un liceo Miranda.
Respondió casi leyendo mi pensamiento:
-Ése es otro Miranda
Siguió contándome sus experiencias por esa sureña ciudad, y casi todo lo ilustraba con fotografías digitales. Las iba pasando y a veces se detenía en alguna que consideraba oportuno explicar.
-Esta la tomé cuando estuve en una milonga…
Me vio cara de pocos entendidos, entonces aclaró:
-Si, se llama así a los salones donde bailan tango. Estos hombres que están sentados a la izquierda ven a cuál mujer de la fila derecha sacarán a bailar. En lo que comienza la música ellos van por una compañera. Y no pueden, ni por un segundo, desviar la mirada hacia otra mujer porque pierden.
Inventamos hacer como si estuviéramos en una milonga y yo la elegía a ella; la miré a los ojos y le tendí mi mano. Bailamos al son de La Cumparsita, trastabillamos por mi culpa, pero seguimos hasta que terminó la pieza. Ella se sentó a descansar, vi que nuestras copas estaban casi vacías y destapé otra botella.
-Así que el tipo no puede ver para los lados porque pierde…
-Como en el resto de la vida, creo-acotó ella
Me estaba acomodando en la silla para seguir disfrutando sus historias y sus fotos, pero quedó en silencio. Se llevó la copa a los labios y dejó ver una expresión, como si el vino de pronto le supiera agrio.
-¿Algún problema? –le pregunté.
-No, es sólo que el vino me pone un poco triste.
-Me parece que estás extrañando algo, o a alguien-agregué.
-No exactamente-Dijo y me miró como quien, desde algún puerto, ve cómo se aleja el barco que debió abordar-Estaba recordando nuestra futura ruptura.
Quedé perplejo. Era nuestra primera cita y ni siquiera habíamos dormido juntos, mucho menos convivido como para que me hablara de ese modo tan extraño. “Se le subió el vino”, pensé. No le di más vueltas al asunto. Ella seguía allí, concentrada en recorrer el borde de la copa con su índice derecho, y antes de que se arruinara el encuentro y pidiera que me fuera, le agarré las manos y le dije:
-Ven, vamos a bailar.
Amagamos unos pasitos de tango y, aprovechando la cercanía de nuestros rostros la besé.
En su apartamento todo estaba a la vista, bastaban algunos pasos para recorrerlo de punta a punta. Quedamos de pie, en medio de la sala.
-No me hagas caso…creo que me está pegando el vino –susurró mientras le rodeaba la cintura.
Seguimos bailando y los pasos nos llevaron hacia su dormitorio. Nos tumbamos en su cama y comenzamos el despojo de ropas. Cuando la liberé de su última prenda me di cuenta de que ya estaba desnudo sobre ella. Fue maravilloso sentir su fuerte respiración; su blanca y sudorosa piel temblaba. Me rogó que le mordiera las orejas y que le acariciara los senos, también pidió que la apretara fuertemente mientras se movía como epiléptica. De pronto quedó tiesa, luego me soltó mientras relajaba su cuerpo. Cuando se repuso cambiamos de postura. Seguimos hasta que quedamos tendidos y sin aliento. Dormimos una breve siesta. Me levanté parar ir por mi copa y ella, semidormida, aprovechó para pedirme un vaso de agua. Bebió y se dio media vuelta sin abrir los ojos. Tomé un poco de vino y me acosté a su lado. No me dio tiempo de comentar nada porque cuando le iba a hablar escuché sus suaves ronquidos. De a ratos tiritaba. Creo que toda esa evocación de Montevideo le dio frío y necesitaba cobijarse conmigo. Yo había perdido el sueño, por eso, mientras la cubría, me dediqué a recordar cómo fue que nos conocimos. Había visto un anuncio que decía: “Se dictan clases de tango, lugar Club Uruguayo”. Allá fui a dar. Cuando llegué todos tenían pareja menos ella. Como había ido solo el instructor de baile nos presentó y nos pidió que repitiéramos juntos los pasos que él mostraba. Así comenzó todo. Le dije que bailaba muy bien. “Es que estuve un año en Montevideo y unas semanas en Buenos Aires”. Le pregunté por qué había ido a parar al Sur. “Porque trabajé en la Embajada de Venezuela como Agregada Cultural”. Luego tuvo que volver al país por razones familiares y porque lo único que no le gustaba de allá era el invierno. “Se te enfrían hasta los huesos y no importa lo que te pongas, el frío siempre te entumece”.
Estaba metido en mis pensamientos cuando despierta y dice:
-¿Sabes? Me gustaría que pudiéramos ir juntos, en verano, al Río de la Plata ¿Qué dices?
-Suena bien, así probamos buena carne y buen vino.
-Y además podemos ir a una verdadera milonga.
-Claro que sí. Ya veo que sabes mucho sobre esa gente...
- Es que por mi trabajo asistí a muchos eventos culturales, además tuve un novio uruguayo y con él iba a muchos lados; lo único que no logré aprender fue a tomar mate, a pesar de que él lo tomaba a toda hora, y yo le echaba broma y le decía que los ojos los tenía verdes de tanto mate.
-¿Y como es la gente de allá?-pregunté tratando de desviar el tema, antes de que me contara más detalles.
-Bueno, casi todo el mundo es blanco, hijo de españoles o italianos. Negros hay pocos, y esos viven cerca del puerto y se la pasan tocando el tambor y preparándose para el carnaval más largo del mundo.
-¿Y no tienen indios?
-A los indios los mataron todos, y al último charrúa lo enjaularon para exhibirlo en Francia.
Hablamos un poco más sobre el tema hasta que se hizo un nuevo y peligroso silencio. Tragó grueso, me pidió más vino y luego dijo:
-También hay gitanos...
En su quebrada voz percibí que había algo más en ese comentario.
-¿Y qué hacen los gitanos?
-Los hombres no sé, algunos son comerciantes, pero las mujeres leen la mano; te adivinan el pasado, el presente y el futuro, y si les das una buena propina te hablan más de lo que eres capaz de escuchar…
Sentí un leve mareo y el cuerpo se me hizo pesado. Había algo en sus palabras que me conectaron con Maldoror cuando dice que lo hermoso es como encontrar un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección.
Caí en cuenta de que me distraje con mis pensamientos y la dejé hablando sola.
-¿Sabes quién fue el Conde de Lautrèamont?-pregunto como quien no ha abierto la boca en toda la noche y no sabe si decir algo o bostezar.
-¿Por qué me preguntas eso ahora?-dijo como si me hubiera agarrado en falta.
-Porque es uruguayo-respondí, tratando de salir del callejón en que me había metido.
-Ah, pensé que era un gitano- dijo casi divertida, y siguió-Nunca oí nada de ese señor, ni aquí ni allá. ¡Qué raro!
Se quedó pensativa y largó un bostezo. No habló más, sólo tomó mi brazo y se lo pasó por el hombro. Nuestros cuerpos calzaban como piezas de rompecabezas y disfrutamos del silencio de la noche. Sin embargo, a pesar de que la estábamos pasando bien, necesitaba salir de allí y dormir en mi cama. También quería tomar distancia para ordenar mis pensamientos, ya que el vino y ella hicieron estragos en mi estantería mental. Llegué a creer que tanto Ducasse como los gitanos confiaban en que todas las cosas de este mundo se atan con hilos invisibles que ensartan el pasado, el presente y el futuro.
Antes de salir le agradecí lo bien que la pasamos, le dije que era una excelente anfitriona y le prometí que la invitaría a mi casa. Quizás, con un poco más de confianza, me atreva a preguntarle si alguna de esas gitanas que viven en Uruguay llegó a hablarle de nuestro próximo encuentro.

domingo, 10 de julio de 2011

DE VUELTA A LA TORRE (Carlos Torres Bastidas)


Cuando Flynn sube a la torre, descubre a Rapunzel amarrada, y en eso Gothel hiere a Flynn y decide llevarse a Rapunzel, esta le suplica que no sin antes curarlo. Gothel accedió y Rapunzel puso su cabello en la herida de Flynn, pero antes de cantar la canción especial, Flynn le corta el cabello con un pedazo de cristal de espejo, mientras que el cabello de Rapunzel se vuelve castaño, inmediatamente Gothel envejece, Pascal le pone el cabello, y Gothel tropieza y cae de la torre. Flynn muere lentamente en los brazos de Rapunzel, mientras ella llora sobre el cuerpo de Flynn, canta el verso final de la canción de la curación, una lágrima llena de magia que le quedaba de la flor le cae en la mejilla y lo revive. A continuación, viajan de vuelta al reino donde la familia real tiene una emotiva reunión.
Meses después, Flynn y Rapunzel se casan y viven felices para siempre, con los padres de ella. El padre de Rapunzel le dijo que ya estaba bueno que « Flynn esté de vago, no trabaja, no hace nada!», y ya varias cosas del palacio se habían perdido. Además se la pasaba atacando a la suegra, y descaradamente le dijo al Rey que «su mujer está más buena que su hija».
Pero Rapunzel no le creyó y decidió que mejor se iban a su propia casa. Hicieron un recorrido por todo el reino, pero el déficit de vivienda estaba muy fuerte, y más después de las lluvias, casi todo el mundo vivía en los refugios alrededor del palacio.
Buscaron inscribirse en la Misión Vivienda, pero nada. Cansados de buscar, y de que Flynn no hiciera nada más que beber aguardiente con sus amigos los morochos Stabbington en el Bar El Patito Frito. Se presentó sartén en mano y le dice: -mira mijo, no hay otra: vámonos de nuevo para la torre.-
Cabalgaron en Maximus hasta llegar al pie de la torre. Rapunzel trató de abrir la puerta con la llave que se había llevado al morir su madre. Pero algo estaba mal, la cerradura había sido cambiada. Golpearon con fuerza la puerta, al rato una mujer gorda con un pañuelo en la cabeza se asomó, - ¿sí, diga?-, ¿Quién es usted?- Preguntó furiosa Rapunzel blandiendo su sartén.
-¡Roberto, Roberto! Allá abajo hay una mujer tocando-. El hombretón con cara de estar borracho, se asoma también, y les dice: ¡váyanse de aquí, esta torre fue expropiada por el gobierno, y nos la asignó!».
Rapunzel se volteó y le dice. « ¿Y entonces Eugene Fitzherbert?»
- Ni idea, mi amor.
Rapunzel furiosa se repite: -Madre tenía razón, no sé para qué reviví a este inútil-.

Caracas, Junio 2011

UN PASEO CON LA MAFIA (Carlos Torres Bastidas)


"Ella quisiera para novio otra clase de hombre"
Leoncio Martínez
"Vito Corleone era un hombre de visión"
Mario Puzo


Michael Corleone dio por terminada la limpieza de la poderosa nave y echó sobre el tablero reluciente, asientos de cuero brillante y lubricados una mirada amorosa. Era una bella máquina último modelo, «Es un coche silencioso. Por eso lo elegí. Toyota tiene una de las mejores tecnologías del mundo en lo que a insonorización se refiere».
Era un regalo de su Padre por su cumpleaños. Cómo se la envidiaba Luca Brasi que apenas había podido comprar uno de medio uso, salido de fábrica hace dos años; lo mismo que Clemenza envidiábale sus corbatas de seda, Sonny sus zapatos hechos a mano y el infeliz de Carlo Rizzi sus trajes a la medida.
Michael era el tercer hijo de Vito Corleone, hermano de Sonny, Fredo, Connie y Tom.
Sonrió satisfecho, encendió el auto y un suave ronroneo sacudió la máquina. Ajustó su corbata de seda azul celeste. Sin darse cuenta le vino a la memoria la frase con que la señora Carmella Corleone, reverenciada siempre como "Mamma", lo consentía: «¡Tan bello mi bambino!»
Sin embargo, aquella arisca de Virginia Sollozo se resistía a sus encantos; no lograba convencerla, a pesar de las frases enamoradas que deslizara a sus oídos durante una rumba en el club, a pesar de que lo viera guiando su nave de $ 63.400 dólares, escuchando I'm Your Man en su Repro Pioneer con mp3.
Pero, ahora sí. Ya Virginia, la hija de Virgil Sollozo, alias «El Turco», había aceptado en principio y él estaba dispuesto a todo. Hoy vencería aquella fría indiferencia, se jugaría la última partida y su Toyota le ayudaría en la jugada.
En la calle, sentado ya en su auto, se planteaba estas reflexiones; de pronto sacudió pensamientos y arrancó de una. El incidente en el hospital enfureció tanto a Michael que se llenó de ganas de venganza. Sonny veía esto como algo personal y trató de disuadirlo. Michel contestó que no era nada personal, "sólo negocios". Sonny aceptó y le preparó el asunto.
Toques de bocina. Escándalo. El paso estridente de una gandola. El eco de una bocina distante… Por las ventanillas abiertas de un Celica negro, que estaba parado justo enfrente, sonaba de música de fondo la voz aguda de Michael Jackson. Billie Jean. Ahora Michael Corleone va deslizándose suavemente por la carretera. Pero no va solo: ahora le acompaña Virginia Sollozo. Michael es introvertido, serio, reflexivo y frío. Fue reclutado voluntariamente para ir a la Guerra, lo que no sentó nada bien en su familia. Su padre no quería que se convirtiese en Padrino, sino que llegase a senador o gobernador.
El aire acondicionado, agita levemente una bufanda y los mechones de cabellos rubios se levantan y caen como rozando. La muchacha mueve la cabeza contra el aire y sonríe. Estaba segura de que Michael Bublé nunca se habría imaginado que alguien, en el silencioso interior de un Toyota Crown Royal Saloon, en medio de la autopista metropolitana, escucharía con tanto placer la versión de Always on my Mind que había interpretado.
Corleone piensa en el consorcio de su padre, que se ve amenazado por el Turco Sollozo y su hija; no piensa en el paisaje, ni en Virginia Sollozo, ni en nada. Está poseído por la fuerza, la música de Bublé y por el vértigo de la velocidad. Cada vez que un camión de transporte pesado pasaba por el carril contrario, el pavimento temblaba por el efecto de la alta velocidad. Más que a un temblor, se parecía a una marejada. Como caminar por la cubierta de un portaaviones en un mar encabritado.
Pero Virginia sí piensa en él, mejor dicho, lo mira; de perfil, inclinado sobre el volante ergonómico; ve su corbata de seda que descansa sobre el pecho robusto; ve el pelo recién cortado y ajustado con gel; ve el lóbulo de las orejas, rosado de caracol, como un niño. Y piensa: « ¡Lástima que sea un Corleone…!»
Ella quisiera para novio otra clase de hombre; otra clase de tipo; pero… ¡Quién sabe! Ella era una mujer ardiente, educada con cierta libertad, y su ascendiente italiano, mezclado a la savia del trópico, despertaba en sí una ebullición de ideas violentas y absurdas. ¡Si ahora, en la misteriosa soledad de los campos, se le ocurriera detener el automóvil y en un lugar solitario, la batiera contra el suelo… y la montara!
Virginia se estremeció de manera visible; un escalofrío le corrió por entre las piernas, se sintió húmeda. Corleone manejaba observando su rostro de reojo, podía verse que la forma y el tamaño de sus orejas diferían considerablemente. La oreja izquierda era bastante más grande que la derecha y un poco deforme. Pero nadie se daba cuenta de ello, porque, por lo general, el pelo rubio y reseco por tanta piscina en el club, se las ocultaba. Al cerrar los labios, éstos formaban una línea recta y sugerían un carácter arisco en toda circunstancia. Una naricita fina, unos pómulos un tanto salientes, una frente ancha y unas cejas largas y rectas acusaban aún más esa tendencia.
Gustos aparte, podría decirse que era bella la turquita. Era la típica mujer de pelo rubio, atractiva, muy preocupada por su aspecto y materialista, pero de muy poca inteligencia y sentido común.
- ¿Tienes frío? - preguntó Corleone, volviendo un poco la cara. Y tras una pausa: - Ya nos vamos a devolver, es tarde…-
Era la primera vez que él hablaba en todo el trayecto; sus palabras en el sopor vespertino tenían también la flojedad babosa de lo que se muere.
Habían pasado otros caseríos, sin advertir que ya la noche caía rápidamente sobre la cresta dispareja de la carretera fundida en el confín de occidente.
De pronto un estallido, como un disparo a quemarropa. La nave desdibujó un movimiento violento y fue a incrustarse a orillas de una zanja, sobre la cuneta.
Virginia crispó las manos en los bordes del tablero, fijando los ojos interrogantes en Corleone, que abría la puerta del vehículo y echaba pie a tierra
- ¿Qué pasó Michael?-
- No sé...una piedra… tal vez un vidrio o un clavo - murmuraba el joven bien trajeado, pateando la rueda. -Lo peor es que ya está oscuro… no veo bien…
La brisa de la tarde le apagaba el zippo al encenderlo.
«Indudablemente, esto no puedo componerlo sino donde haya luz o mañana, con el día…para cambiar el caucho con el repuesto.»
- No te rías, Virginia, yo estoy avergonzado por mi carro, yo que pensaba que no me fallaría nunca… ¡Si hubiera por aquí un sitio donde pasar la noche!»
- Claro, - exclamó la rubia con carcajadas nerviosas - porque, si no se arregla, no podemos pasar la noche en el carro. Mucha delincuencia, nos pueden asaltar en la carretera ¡Y tengo hambre!-
Y caminaron silenciosos. Él arrastrando las pisadas; ella se quitó el sombrero y lo llevaba con ambas manos; los mechones rubios se movían como mosquitos en torno a una fruta descompuesta. - ¡Mira aquella bombilla! - exclamó de pronto Virginia; Corleone ni siquiera alzó la cabeza; parecía querer hundir el gesto de contrariedad en el atardecer.-
Tocaron a una casa. Salió a abrirles una vieja. Corleone explicó el accidente; la dueña de la casa hizo una advertencia; ellos no daban hospedaje; pero, en un caso así, tratándose de gente decente, (con un convincente fajo de billetes verdes de 100 en su mano) y por una noche no más, cederían.
Corleone, dentro, seguía revisando los mensajes del celular. Virginia, entre tanto, conversó demasiado; después de comer, la señora los condujo a la alcoba y los dejó solos. En el centro de la pieza había una cama antigua, solemne, matrimonial, de caoba.
- Quédate aquí, yo me iré a dormir a la sala…-
- ¡Vas a coger un resfriado! A ustedes los Corleone nunca se les ocurre nada bueno. Fíjate bien; la cama tiene dos colchones: paramos uno de los dos, a los largo de la cama como un tabique, lo sujetamos del copete y tú tranquilo, del lado de allá, te desvistes y te acuestas y yo, de lado acá hago lo mismo…-
Poco después, separados por aquel muro improvisado, se acuestan.
- Hasta mañana, Corleone. -
- Buenas noches, Virginia, hasta mañana -
Al joven se le iban cerrando los ojos; a Virginia le costó trabajo pescar el sueño. Se mordía los labios, excitada.
Cuando ella se levantó por la mañana, encontró al joven en el corredor armado con una llave de cruz para poner el caucho de repuesto:
- ¡Ya estamos listos! Vámonos…-
Ella le miró con cierta rabia y desprecio. Al rato, la brillante y hermosa nave corría de nuevo por la carretera. Se cansó del potente aire acondicionado, bajó el vidrio de la ventanilla y una ráfaga de viento le arrancó el sombrero a Virginia de un solo golpe, y lo elevó por sobre el camino.
Corleone se detuvo y bajó. El sombrero, bailaba en el aire, dejándose llevar por la brisa. Corleone seguía el viaje del sombrero, viendo hacia arriba. Una bocanada de viento le dio al sombrero un brusco giro y lo empujó a caer detrás de la cerca de una posesión; un pequeño muro, bajo y largo, por encima de la cual se veían árboles. Un grito molesto y desolador se escapó de la garganta de Virginia:
- ¡Mi sombrero! ¡Perdí mi sombrero! ¡Era italiano y me lo estaba estrenando! -
Corleone la miró, sola; miró hacia al este, hacia el oeste, siguiendo la línea de la pared terrosa: no se hallaba una puerta a todo lo largo. El joven gritó de lejos:
- No importa: ya te lo busco.-
Corleone ganó la altura del muro y desapareció tras ella. Después, un pequeño salto y regresaba con el sombrero.
- Toma… ¿Qué te parece?... Tú desconfiabas de mi ¿verdad?-
Ella le miró de reojo y repuso:
- Tranquilo: creía que un hombre que no me quiso hacer el amor anoche, era incapaz de buscarme un sombrero...-
- No te preocupes, yo siempre cumplo.-
De inmediato sacó la pistola, recordando que Clemenza le había dicho que no se preocupara por las huellas dactilares. Se oyó un disparo. La bala se metió entre la frente y la oreja de la muchacha, y cuando salió, el sombrero de paja italiana quedó salpicado de sangre y de trozos de hueso. «Quedó como la Santa Liberata, de Nelson Garrido» Michael se dio cuenta de que no era necesaria una segunda bala.

Caracas, Junio 2011