miércoles, 14 de septiembre de 2011

El parrillero, nuestro héroe de fines de semana. (Carlos Torres Bastidas)



     Lo interesante de los días de fiesta, no es la celebración en sí, sino lo que hacemos cada vez que tenemos un día libre. En el caso de los venezolanos; no importa si es el día de la madre, el día del padre, los carnavales, inclusive la semana santa, cuando lo correcto y lo que ordena la religión es comer pescado y mirar películas. Cada vez que hay un día soleado, cuando no salimos a ninguna parte, o cuando salimos también. Siempre tenemos la opción de preparar una parrilla. La palabra se usa frecuentemente para referirse a una fiesta o reunión casual, normalmente al aire libre donde se consume carne asada. Debido a esta razón, muchos consideran el hecho de cocinar carnes al aire libre como una parrillada. No importa el precio. Nos hacemos los mejores amigos de los carniceros, nos interesa saber dónde se consigue la mejor carne, el corte más exquisito. Hasta las esposas más recalcitrantes y regañonas sucumben ante el encanto de ese delicioso olor,  que impregna todos los apartamentos del edificio, ese que se mete en tu casa y te dice, levántate y haz lo mismo. Comienzan las llamadas  a los amigos que se quedaron en casa, «vamos por una carnita para preparar una parrilla». Siempre pensamos en ese pana, el curtido y sabio parrillero oficial de nuestras fiestas. Él sabe que tiene el poder. Cómo se coloca el carbón o la leña,  donde se consigue la mejor carne, donde venden los chorizos y morcillas, cuyo sabor y olor siempre van asociados a esa deliciosa carne, que jugosa, con su llamativo color rojizo nos enciende todos los sentidos, y sentimos lástima de los pobres vegetarianos que no saben de lo que se pierden.  Los venezolanos, a la hora de una parrilla, preferimos la punta trasera, el lomito y el “pollo” de res.  «Solamente con sal», como recomienda un maestro parrillero uruguayo apodado El Muta.
      Lo que nos reúne en ese ritual, es “el proceso”. Comenzando por la búsqueda. Se arma una partida, cual Sheriff y sus ayudantes salen a encontrar todo lo necesario para el ritual. El carbón, la leña, algunos no tan diestros en el asunto se lanzan con el kerosene, y todo el mundo tiene una opinión al respecto, salvo el maestro parrillero, a quien se espera, se le palmea el hombro, se le saluda para que su primer corte llegue primero a su “ayudante”,  por lo general su mejor amigo o compadre.
     Ese pequeño espacio al aire libre, con ladrillos, con una o dos rejas metálicas,  siempre cerca de una piscina, se erige como un pequeño templo donde los hombres de la casa, los amigos, los sobrinos, todos se sientan alrededor esperando, conversando. Comienzan a llegar los invitados, se acercan los vigilantes a saludar cordialmente, preguntando si todo está bien. Las mujeres, dueñas y señoras de sus casas y sus cosas, quedan por fuera. Sin embargo, algunas audaces que no aguantan las ganas de participar, comienzan a preparar ensaladas, y con desesperación le ofrecen a todos el aderezo, le preguntan a los demás si está bien, pero el gran jefe, el rey, el chamán de la tarde, el parrillero es el protagonista. Él es la estrella a cuyo alrededor se van agrupando los  cuñados, los amigos de los amigos, el que trajo la música, el que trajo el whisky, el que trajo el hielo y el carbón. Aparece casualmente la presidenta de la junta de condominio a preguntar si todo está bien.   Lo bueno de esto, es que hasta el loquito del edificio o de la cuadra,  pasa  a mirar. Todos los semblantes cambian, hay una mezcla interesante de saludos, de abrazos, de comentarios de todo tipo, no solo hablar de malandros, tráfico, huecos y política, también de los próximos eventos, lo cual creará nuevas fuentes de familiaridad, amistad  y compadrazgo. 
     Hay que destacar que la parrillada es un ritual con funciones divididas por sexos. Los hombres son los encargados de la cocción de la carne y la tarea de las mujeres, suele estar centrada en la preparación  del acompañamiento. La parrilla tiene un tinte varonil. Los elogios y aplausos son para el parrillero, que siempre es “el hombre”.  Es clásico,  entre amigos, que se brinden felicitaciones al cocinero. No es usual ver a una mujer controlando la carne. La preparación de la parrilla es uno de los territorios que los hombres aún conservan como espacio de exclusividad.

4 comentarios:

César Landaeta dijo...

Sin duda, una costumbre muy venezolana, pero no por la parrillada en sí misma, la cual se hace en muchos otros países, sino por el ritual que describes en el artículo. Aquí, de verdad, es casi una tradición para celebrar un acontecimiento o simplemente para "echarse los palos". Otra costumbre también muy venezolana. Gracias por compartir. ¡Salud!

Digiletras dijo...

faltó la morcilla y la chinchurria, sin ellas no hay parrilla, je je

Juancé Gómez dijo...

Carlos

Te felicito. En breves palabras has descrito la venezolanidad y lo sabroso que ella conlleva. La parrilla es el ritual que reúne amigos, familiares y amigos de amigos o novios y novias de hijos o sobrinas. Excelentes recuerdos y gratos y felices momentos.

Esas cosas no nos las puede robar nadie, y ése carácter de cocina en grupo, de compartir alimentos y bebidas los venezolanos lo llevamos a todos lados. El sábado pasado estuve en una parrila aquí en Panamá y se cumplen todos los puntos que comentas. Genial tu verbo!

Luciano dijo...

AMIGO CARLOS :

Buenísimo tu relato de las parrilladas en Venezuela !!!!!!!!!!!!!
Me encantó, te felicito, además mencionas a nuestro amigo Muta y la foto
que aparece es de un amigo uruguayo que vive aquí y es el padrino de mis
hijos, esa foto la sacó Lázaro aquí una vez que fuimos a su casa a hacer
una parrillada !!!!!!!!!!!!!!
Por otra parte, es absolutamente similar el ritual de la parrillada aquí
en Uruguay, es algo que en cualquier momento puede surgir, y que reune a
la gente en torno a ella, con tragos, conversaciones y distribución de las
tareas en masculino y femenino de la misma exacta manera que en Venezuela,
con maestros parrilleros y cada uno con su estilo.
Sabía de las parrilladas en Venezuela por las que se hacen en el edificio
de Lázaro con el Muta, las cuales he disfrutado mucho, pero no sabía que
es algo tan arraigado allá, pensaba que era cosa de ese edificio. Me
ampliaste la información y me llama la atención la similitud con Uruguay,
que es un país super carnívoro por su historia económica, ¿como se
estableció esa costumbre en Venezuela?
No he pegado estos comentarios en el blog porque no sé bien como hacerlo,
me manejo bien con el mail, internet y algunas herramientas de computación
pero no soy ducho en otras.
Un gran abrazo y arriba Venezuela !!!!!!!!!!!!!!!!!
TU AMIGO :

RUBEN